Por Renée Zamora Díaz/Psicoterapeuta Humanista.
Como en todo, nuestras creencias determinan en gran medida la forma en que nos aproximamos hacia el cambio. Si a través de nuestra historia personal hemos ido construyendo la creencia de que el cambio es malo, que siempre es difícil o implica sufrimiento, seguramente así viviremos cada proceso de cambio. Por el contrario, si nuestra creencia al respecto es positiva, es muy probable que asumamos las transformaciones como oportunidades, veamos los aspectos favorables del cambio y nos enfoquemos en aquellas lecciones que nos pueden ser útiles. Nuestras creencias son el cristal a través del cual vemos las cosas, es a partir de ellas que fundamos nuestro comportamiento y guían en buena medida nuestras acciones.
Las creencias se construyen por medio de varios factores. Por un lado, están nuestras experiencias personales, aquellas vivencias que, por su naturaleza, tuvieron un impacto fuerte en nuestra vida y la forma como las hemos afrontado, así como, la manera en que nos las explicamos y lo que hemos hecho para procesarlas. Por otra parte, están aquellas historias que nos han contado, la manera en que nuestra familia y nuestro grupo social entiende determinado aspecto, y como nos ha sido transmitido este entendimiento. Las actividades y los espacios de los que somos parte influyen también en las creencias que tenemos. Nuestro contexto y las personas que nos rodean nos llevan a construir un entramado de significados y creencias que se convierten en nuestra forma de ver el mundo. Todos tenemos creencias que se han formulado desde nuestro núcleo familiar, nuestro entorno y nuestra experiencia; muchas de las cuales llevamos de manera inconsciente. Algunas de ellas nos ayudan a afrontar nuestro día a día, mientras otras nos limitan o nos hacen evitar ciertas oportunidades.
Por ello, es importante observar tus creencias y analizar si estas contribuyen a tu crecimiento o, por el contrario, no te permiten avanzar. Algo que quiero compartir con quienes me leen es que he encontrado muy útil para analizar mis creencias es estar atenta ante ellas y no darlas por sentadas. Por ejemplo, cuando me topo con alguna creencia que me está generando resistencia, sobre todo cuando me involucro en algo nuevo o comienzo un proceso de cambio, y encuentro que esa creencia no está ayudándome, procuro observarla sin juzgarla y me digo: “¡Qué interesante!”. Al ponerlo en la esfera de la curiosidad es más fácil verla con objetividad. Así tengo la oportunidad de cuestionarme: ¿Es esto cierto? ¿Es mi creencia algo verdadero?
La respuesta no siempre es fácil de obtener, a veces necesito analizar más a profundidad y ser cuidadosa de mantenerme objetiva. Lo que cambia trascendentalmente nuestra manera de sentir y percibir nuestra realidad es mirarnos con asombro, curiosidad de esta manera mitigamos la autocritica y decidimos con mayor conciencia lo que más sea conveniente para nosotros mismos. Entender tus creencias es un proceso de autoconocimiento muy interesante y puede ser un detonante de cambios. Aun cuando nuestras creencias influyen en nuestra manera de actuar, es importante destacar que no somos nuestras creencias y que, por consiguiente, podemos cambiarlas en el momento que lo decidamos.
No siempre es fácil, pero siempre es posible. La próxima vez que te encuentres resistiéndote a un cambio, o tratando de evitarlo, puedes comenzar por cuestionarte lo que estás pensando sobre él y las creencias que hay detrás de eso; al observarlas tal vez te encuentres con que lo que te asusta y te genera resistencia podría no ser el cambio en sí mismo.

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